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No es cuestión solo de mujeres

Imagen de un tentadoras

Por otra, porque la lógica seguida por Clinton el sexo oral no era estrictamente sexo empezó a ser adoptada por muchas jóvenes. No es sexo. Es una forma de enrollarse. Enexplica Orenstein, el sexo oral ya no sorprende a nadie. Sin embargo, durante la investigación que ha dado lugar a su nuevo libro, la autora se ha topado con unos cuantos problemas que no imaginaba: que la popularización del sexo oral no quiere decir que este se esté disfrutando a partes iguales por ambos sexos, sino que se ha convertido en una obligación para las mujeres que, en muchos casos, ni siquiera son correspondidas en la misma medida. En líneas generales, el sexo oral se ha convertido en un comodín que, a diferencia de lo que ocurría hasta hace relativamente poco, no implica una mayor confianza entre hombre y mujer, sino que se utiliza para salir del paso. Por el contrario, ellos afirmaban que lo hacían por placer. De esa forma acumulas puntos para salir con alguien sin llegar a hacer el amor, para que puedas decir 'he salido con este y con aquel' e incrementar tu estatus social.

¿Qué está pasando?

Corre un mito que asegura que los hombres piensan en ya sabes qué con demasiada frecuencia. La mayoría de nosotros hemos examinado esa aseveración cheat la suficiente detención como para anatomía escépticos. O descartarse. Si sacamos la cuenta, pensar en el sexo cada siete segundos sumaría un total de veces por hora. O aproximadamente 7. Los psicólogos denominan los esfuerzos científicos para medir los pensamientos como muestreo de experiencias. Consiste en interrumpir a las personas mientras llevan a cabo sus actividades diarias y pedirles que registren los pensamientos que tienen en el momento dado, en el lugar determinado. Fuente de la imagen, Thinkstock.

Un clic por pensamiento

Bebedero de la imagen, Getty. Dos personas se atraen, se seducen y tienen sexo. Todo culmina con un clímax fenomenal seguido de una sensación de calma y bienestar. Pues para muchas personas en realidad no es así. Para quienes experimentan un síndrome llamado disforia poscoital DPCen vez de disfrutar el placer que sigue al amor, los invaden sensaciones de tristeza, vergüenza y ansiedad sin razón aparente.

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